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El origen de los pets de monja es tan interesante como sorpresivo.

Principalmente, porque la repostería tradicional española tiene mucho que ver con los conventos y la vida espiritual, y a muchas de estas personas que se alejaban del mundo para encontrar su propio camino, les debemos esas combinaciones de ingredientes “sagradas” que han perdurado muchos siglos y nos han deleitado con sabores inolvidables.

La historia de los pets de monja

Pets de monja o tetillas de monja, tradición catalana

España se caracteriza por tener “delicias” clericales que trazan una ruta por una multitud de conventos que van desde Santillana del Mar hasta Real Monasterio de Nuestra Señora de la Consolación en Calabazanos en Palencia. Cada uno de estos lugares es conocido por ofrecer pastas y confituras relacionadas con dulces “placeres” que se expresan en nombres que van muy bien para captar la atención de los clientes por su marketing.

En el caso de las tetillas de monja, su popular nombre proviene porque su forma se asemeja a un pecho femenino, y suelen elaborarse con harina de trigo, huevo, canela, y en algunos casos, almendras y nata, ingredientes muy reconocidos por ser de convento.

Por otro lado, a la tetilla de monja también se la conoce como pets de monja, y esta ligera variación en el nombre y en algunos de sus ingredientes se debe a una traducción errónea. Se sabe que en el siglo XIX un pastelero italiano con residencia en Barcelona trajo a la vida este dulce y lo bautizó como “petto di monaca”, que literalmente sería “teta de monja”; no obstante, sus clientes, por confusión o por hacer la broma, terminaron por darle su propio nombre, llamándole “pets de monja” (pedos de monja).

¿Cuáles son las variaciones de los Pets de monja?

Este tipo de galleta crujiente puede encontrarse con distintos sabores en varias partes del país y del mundo, aunque la mayoría de estas variaciones tienen la misma forma y, casi siempre, el mismo nombre.

En Ávila o Burgos, por ejemplo, donde se conocen como “tetillas”, se caracterizan por estar elaboradas con trigo, huevo, mantequilla, almendras y nata, ingredientes archiconocidos por ser los preferidos del convento.

En Chinchón son un dulce clásico conocidos como “teta de novicia”, pero en esta ocasión, el ingrediente principal es el anís. Según la leyenda de este lugar, el nombre se lo puso una monja cansada de que el borracho del pueblo les gritase obscenidades sobre su pecho a ella y a las hermanas cuando llevaban las galletas para venderlas.

Por otro lado, en Islas Baleares les llaman “mamellas de monja”, pero tienen una apariencia distinta a las anteriores. Esta versión no se trata de una pasta, sino más bien de un confite con galleta: consta de una pasta de almendras y de una cobertura de merengue. Esta versión de los pets de monja se elabora tanto en Menorca como Mallorca.

A nivel internacional, encontramos que los pets de monja también han cruzado fronteras llegando hasta México, específicamente a Querétaro. Allí, los habitantes desarrollaron su propia receta en la que se incluyen ingredientes como el huevo, el azúcar, la harina, la ralladura de limón y el chocolate.

¿Cómo se preparan los pets de monja?

Estas deliciosas galletas de la cocina catalana suelen ser redondas y elaboradas con ingredientes cuidadosamente seleccionados. Al amasarse y mezclarse todo, el resultado son unas pequeñas galletas dulces y crujientes, perfectas para picar en cualquier momento del día. ¡Cuidado! Porque una vez comienzas a comerlas, ya no podrás parar.

Su preparación es relativamente sencilla y consta de unos cuantos pasos. Primero se baten los huevos con el azúcar hasta notar una apariencia blanquecina... A esta mezcla se le añaden la ralladura de limón, la harina, mezclándose con una espátula. Posteriormente, se pone la masa en la duya o en la manga y se van haciendo filas circulares con la masa en la bandeja del horno. El horno debe estar a 180º hasta que las pastas se doren y se sequen mucho. Cuando están listas, destacan por su apariencia y textura crujiente.

Los ingredientes de los pets de monja suelen ser: huevos, azúcar, piel de limón rallada, harina, canela y sal. Sin embargo, existen algunas variaciones a las que se añaden nata, chocolate y hasta cobertura de merengue, como es el caso de las “mamellas de monja” en las Islas Baleares. Y esto sin duda les aporta un toque singular a las galletas.

Los Pets de Monja de Dolç Art

Una de nuestras grandes insignias es llevar al cliente productos elaborados a mano, ofreciendo el grandioso sabor que aportan los ingredientes naturales y de cultivo ecológico. En nuestro catálogo contamos con galletas y dulces catalanes como tejas de coco, carquinyolis, bufats y pets de monja, todos elaborados artesanalmente en Sant Pere de Riudebitlles por nuestras generaciones de artesanos.

Nuestros exquisitos Pets de Monja se caracterizan por ser pequeñas galletas cuya receta es de tradición de la familia, de textura muy crujiente y elaborados con ingredientes sostenibles y de cercanías. Entre los ingredientes más destacados encontramos la harina de trigo, el huevo, el limón y un toquecito de canela y sal.

Mucha de nuestra clientela se maravilla de nuestros Pets de Monja, porque nuestro secreto mejor guardado radica en el horneado, y por supuesto, en la mezcla y el amasamiento de los ingredientes. Cada bocado de estas galletas es sublime y, muchos pueden decir que son como las palomitas, ya que no podrás parar de comerlas una vez comes la primera.

Encuentra una selección única de galletas catalanas en nuestro catálogo, todas ellas elaboradas con tradición y con ingredientes de proximidad de alta calidad. Algunas de nuestras novedades son los carquiñolis veganos, los cuales están pensados para completar tu dieta con ingredientes completamente respetuosos con el medio ambiente. Sorpréndete con sabores exclusivos para todos los paladares y ocasiones: celebraciones, cenas, juntadas con amigos y familia; picnics. Cualquier momento se convertirá en inolvidable gracias a estos dulces especiales que cuentan una historia familiar y de amor por el arte artesanal.

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